ECONOMIA Y DEMOCRACIA
Por: Fabio de Jesús Suárez Agudelo
Cuando se toca el tema de la Economía y la democracia invita a realizar un análisis profundo sobre el comportamiento de nuestros dirigentes quienes establecen políticas, regulaciones y normatividades en representación del pueblo, que confió en ese dirigente aprobando su gestión mediante el voto. En la actualidad existen fuertes acusaciones que el de corrupción y lucha de intereses personales, que producen episodios que inciden duramente entre las clases menos favorecidas pero que ellos no sentirán el rigor de la justicia por tratarse de personajes que están por encima de la ley, cohibiendo con su investidura y de manera velada a difundir notas de escandalosa trascendencia a través de los medios de comunicación , si la comunicación nace por y para el hombre, ella deber un agente activo y eficaz en la construcción del mundo y de su historia, por qué nos e permite la libertad de prensa?. Y aquí viene otro tema importantísimo, la democracia su incidencia en las políticas económicas y sus defectos, y como para la comunidad se hace necesario establecer una república donde su principal gobernante, no sea impuesto por leyes heredadas por el delfinazgo familiar, de manera similar a lo que ocurre en las monarquías. La constante lucha entre sistemas económicos como el capitalismo, socialismo comunismo, entre los partidos de la izquierda y de derecha que anhelan de acuerdo a su visión e intereses encontrar la transformación de la sociedad, y conquistando las grandes mayorías para vencer a las minorías oprimidas, no siendo posible que la sociedad se nutra de conocimientos para observar la historia y comprender por que estamos como estamos.
Cuando un gobernante, que por su condición e investidura tiene que guardar ciertos protocolos y manejar sus sentimientos de la mejor manera, para no desprestigiar su imagen, resulta de importancia resaltar que en ocasiones nos encontramos todos los pueblos, ante las palabras y palabras gobernantes, que ante las múltiples promesas que hacen en sus campañas políticas, ante los problemas que se suscitan por el mal gobierno antecesor, proponen solucionar los problemas generados, pero en realidad nunca se toman acciones, convirtiendo en un eterno carrusel de acciones que destruyen ideales en un pueblo sediento de alcanzar niveles que permitan bienestar, pero que al contrario cada vez se ve con mas desparpajo el incremento de la corrupción y la violencia desatendiendo principios y derechos ciudadanos otorgados en la misma constitución nacional y esto sucede por que el pueblo lo permite.
Por otra parte, los medios de comunicación son manipulados a conveniencia, para que no se sepa la verdad y el pueblo siga con los ojos vendados, pero como siempre la justicia solo se aplica para todos aquellos que no tienen el poder en sus manos.
Es triste reconocer que la mayor parte de la población desconoce totalmente los derechos y obligaciones trazados en la Constitución Nacional lo que incide de manera impactante el tomar siempre las decisiones erradas, por eso en el medio popular se dice que quien no conoce la historia se encuentra condenado a repetirla.
La sucesión hereditaria de las familias de los gobernantes se alternan para conseguir de manera sucesiva la Jefatura del Estado, inmortalizando en ciertas castas las funciones magnánimas que da el poder inclusive manejando el poder legislativo establecido para ejercer el poder político y económico emanado por las estructuras de gobierno que imponen..
El poder ejecutivo, es decir, el gobierno, goza de la confianza del Congreso de los Diputados.
Jefe del Estado.
Símbolo de su unidad y permanencia.
Árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones.
Representación a nivel internacional.
Aquí surge la pregunta, por que si dentro de las funciones del gobernante , quien representa de manera simbólica los principios de equidad, unidad y justicia, por qué se conocen actuaciones que destruyen los valores, que la ética desaparece y que los principios económicos solo trascienden en el papel porque en la realidad el pueblo se olvida de que existen, acaso lo que decía y prometía en campaña no era su sentir de profesional idóneo y de ciudadano transparente? o sientes que por sentirse con ese ropaje que los coloca por encima de la ley les permita actuar de manera inescrupulosa.
La herencia latinoamericana, como denunció Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina”, han mostrado desde la evolución de la historia la indignación creada por la conquista, que dejó como herencia inalienable el baño de sangre indígena en los suelos de esta joven y sufrida América.
La oportunidad de independencia brindó el derecho de crear un sistema de gobierno que impulsara la justicia y la equidad con principios económicos sostenibles, que permitieran construir una sociedad más homogénea sin fisuras tan profundas creadas por la codicia de castas autoconsideradas superiores que en sus políticas lo que incuban es la diferenciación y la ignorancia, pues razón tenía Maquiavelo divide y reinaras y ese mismo adoctrinamiento lo aplican en todos los sectores sociales para imponer sus ideologías que permiten el acumular grandes capitales sustentados en la corrupción.
Es importante recordar que en la democracia todos los ciudadanos tienen derecho a participar en las discusiones y decisiones del gobierno y el estado. Esta participación puede ser directa e indirecta.
Es directa cuando se participa personalmente en una asamblea o reunión. Así se hizo en Atenas, cuando a comunidad era pequeña, entonces se reunían en la plaza pública y se discutía todo lo relativo a las normas de convivencia como en un cabildo abierto; luego se exponían las conclusiones para tomar las determinaciones. Pero esta práctica ahora es imposible, los pueblos han crecido mucho y debe recurrirse a la democracia indirecta, que consiste en que el pueblo se gobierna a través de los representantes que elige por medio del sufragio o voto.
La democracia no debe cobijar las formas políticas únicamente. Lo ideal es disfrutar también la democracia económica, es decir, que no haya grandes diferencias de carácter económico entre los integrantes de la sociedad, de esta forma, para una mejor convivencia y progreso social se hace necesario combinar adecuadamente el sistema políticos con el sistema económico.
El sufragio es el acto por el cual los ciudadanos pueden elegir y ser elegidos. En Colombia se realizan elecciones para elegir presidente, parlamentarios, diputados, concejales y alcaldes.
En Colombia pueden votar todos los ciudadanos hombres y mujeres. Para adquirir la categoría de ciudadanos debe haber cumplido 18 años, ese derecho a votar ha evolucionado mucho en todos los países que ejercitan el sistema democrático. En Colombia, por ejemplo, hasta 1936 solo podían votar los varones mayores de 21 años, que supieran leer y escribir y que tuvieran rentas y propiedades. Hoy el sufragio es universal, porque pueden votar todos los ciudadanos colombianos.
La mujer logró el derecho a votar desde 1957, mediante el plebiscito que le otorgó la plenitud de derechos políticos. Un plebiscito es una consulta directa al pueblo, en donde a una pregunta se debe responder sí o no. El voto debe ser personal y secreto, no se puede vender ni comprar, porque es considerado como delito. Sin embargo, se cometen muchos delitos contra el sufragio, que se deben castigar y evitar para que la democracia sea real y efectiva.
Los ciudadanos tienen la obligación de votar a conciencia, pensando en la responsabilidad que implica elegir a personas ineptas o corruptas para dirigir los destinos de nuestra patria.
Lo más importante de la democracia es ejercerla. En este sentido los ciudadanos tienen una gran responsabilidad, por negligencia cuando se abstienen de votar o por venalidad cuando venden o compran los votos, sin pensar ni por un momento en los destinos que pueda correr el país. Al ejercerse el derechos al voto, debe pensarse en el beneficio de todos y no en el personal o de unos pocos, pero desafortunadamente no nos preparamos para ello, en muchas ocasiones no indagamos, no investigamos la hoja de vida de todos aquellos, políticos que se lanzan para alcanzar una curul en el gobierno y saber si de verdad están interesados poner su granito de arena para que esta situación mejore, o sino por el contrario con el poder que le otorga el mismo pueblo hagan de las suyas.
Indagar sobre los partidos políticos, nos permite conocer sus ideologías, sus propios programas, su organización a cuya cabeza están los dirigentes. Los partidos pretenden conquistar o mantener el poder porque en esta forma son determinantes en el gobierno.
En Colombia existen varios partidos, manteniendo la hegemonía el bipartidismo histórico, ya que desde el siglo pasado se disputan el poder y buscan mantener las tradiciones, conocidos como el partido liberal y el partido conservador. También existe partidos con tendencias socialista y/o comunista, que rompen los objetivos propuestos por los partidos tradicionales.
En el gobierno del Doctor Belisario Betancur se dio la apertura democrática, consistente en dar espacio político a otros grupos y movimientos guerrilleros. Al pactar la tregua se dio la oportunidad de crear otro partido político, que se conoce como la Unión Patriótica. En otras épocas han existido terceros partidos como la UNIR, el MRL y la ANAPO y aún en nuestros día se continúan conformando partidos. Si se revisa la historia, se puede observar con claridad como Grecia ensayó varias formas de gobierno. Estas aún persisten en nuestros países, pero sometidas a las interpretaciones que los diversos grupos de poder le han ido dando. Hoy se habla de las oligarquías, aduciendo además que la forma de gobierno debe consolidarse con principios democráticos desapareciendo de las mentes ciudadanas aquellos que buscan comportamientos dictatoriales.
En la antigua Grecia la unidad política característica fue la polis, el estado autónomo y soberano compuestos por una cuidad y el campo que lo rodeaba. Con este sistema los griegos creían garantizar sus libertades, en contraposición a la esclavitud de quienes, como los persas, estaban sometidos a una monarquía absoluta.
La polis dio a cada ciudadano un gran sentido de responsabilidad y de independencia que hizo posible la democracia (gobierno del pueblo). Pero el precio que se pagó fue la división, la inestabilidad y la guerra civil. Aunque todos los griegos inteligentes vieran que su necesidad más imperiosa era la paz y la unidad, nunca fueron capaces de reconciliarse.
La antigua Grecia fue el crisol donde se elaboraron y experimentaron variados regímenes políticos que ha influidos hasta nuestros días.
La realeza o monarquía (que quiere decir “gobierno de uno solo”) se mantuvo en algunos estados de Macedonia y Esparta.
Cuando un hombre se adueña del poder y concentra en sus manos todos lo poderes de habla de tiranía. Antes de convertirse en democracia, Atenas vivió bajo tiranía de Pisistrato y de sus hijos entre el 561 y el 510 a C.
La aristocracia o “gobierno de los mejores”, llamada también oligarquía o “gobierno de unos pocos” confiaba la dirección de los asuntos públicos a un pequeño número de personas: por lo general los más ricos. Atenas, fue una oligarquía antes de Pisistrato. En Esparta los reyes no tenía mucho poder y eran los más adinerados quienes, de hecho, dirigían, el estado.
La democracia era gobierno del pueblo soberano; todos los ciudadanos estaban capacitados para participar en los trabajos de la asamblea del pueblo, discutir y votar las leyes. Los ciudadanos podrían resultar elegidos, por sorteo, como jueces o miembros del consejo encargado de preparar los temas que serían debatidos por la asamblea del pueblo. Este fue el régimen de Atenas a partir del 508 a. C.
La demagogia siempre se ha considerado como una deformación de la democracia. Para halagar al pueblo los oradores proponían a la asamblea medidas inapropiadas que ésta no atrevía a rechazar. En el siglo IV a. C., la democracia ateniense estuvo a punto varias veces de convertirse en demagogia. Surge la inquietud, en donde cabe preguntarse si en Colombia, el régimen que existe es demócrata o demagogo
Si se continua con la revisión histórica se observa que en los comienzos de la República en Roma, tardó cerca de dos siglos y medio para organizarse (475-250 a C.). Los romanos estaban divididos en familias cuyos miembros, los patricios descienden de un ancestro común, el páter (padre). Los clientes, es decir, los que obedecen, los que dependen de…, eran los pobres que buscaban la protección y se encontraban felices de hallarla, al ser admitidos en una familia patricia. Los clientes consideraban al páter familias ( o sea, al jefe de la familia) como su patrón.
Los plebeyos en cambio, eran la gran masa de aquellos que no tiene ancestros, es decir, que no descienden de personas célebres y no pertenecían a una familia patricia.
A comienzos del siglo V a. C., los plebeyos no podían ser miembros de la asamblea del pueblo, ni senadores, ni sacerdotes. La administración de la justicia estaba en manos de los patricios, de acuerdo a las leyes secretas que los plebeyos no conocían. Además, era enorme la desgracia del plebeyo que no tuviera como pagar sus deudas a un patricio en el plazo fijado: se convierte en esclavo de su acreedor.
Los plebeyos necesitaron dos siglos y medio de obstinada lucha para arrancarle a los patricios, milímetro a milímetro, la igualdad política (entre otras cosas amenazaron a los patricios con fundar una nueva ciudad; también los amenazaron con no prestar el servicio militar en momentos en que Roma estaba en guerra).
Como primera medida, los patricios aceptaron abolir las deudas de los más pobres y reclutar de entre la plebe a unos protectores especiales de la misma: los tributos; cualquier atentado contra el tributo era considerado como un sacrilegio y se castigaba con la muerte.
La segunda conquista consistió en que las leyes, comunes a todos los ciudadanos fueran plebeyos o patricios, debían ser publicadas; a ese primer código se le llamó la Ley de las doce tablas. Fueron autorizados los matrimonios entre patricios y plebeyos. La última conquista consistió en el derecho de cualquier plebeyo para ser elegido, entrar en el Senado o ser sacerdote. Desde entonces los plebeyos tuvieron el orgullo de sentirse plenamente ciudadanos romanos.
A propósito de ciudadanía en contraposición a los griegos que rara vez acordaron a los extranjeros el títulos de ciudadanos, los romanos otorgaron con mucha libertad el derechos de ciudadanía a los habitantes de los países que conquistaron. Fue así como el estado romano, a principios del siglo III, contó con ocho o diez veces más de ciudadanos que los que jamás tuvo la mayor de las ciudades.
La palabra república significa “la cosa del pueblo”. En Roma como en la Atenas de la misma época el pueblo expresaba su voluntad soberana reunido en el Foro, corazón de la ciudad, en asambleas populares llamadas comicios en los que se votaban las leyes y se elegían los magistrados. Se trababa, sin embargo, de una democracia todavía imperfecta pues, por una parte, la mayoría de la población no tenía la ciudadanía y, por otra parte, solo votaban y podían gobernar los ciudadanos ricos. Se pasó así de una aristocracia patricia basada en el nacimiento a una aristocracia del dinero integrada por los antiguos patricios mezclados con los plebeyos.
Los magistrados, es decir, los escogidos para administrar y gobernar, eran elegidos en los comicios por un tiempo limitado, generalmente un año.
Ningún ciudadano podía ser elegido para una de ellas sin haber desempeñado antes las funciones de las magistraturas inferiores, a estos se le llamaba la carrera de los honores; en los estados modernos se le llama carreras administrativas. Así, un joven ciudadano atraído por la política, debía ser elegido gestor para ocuparse de las finanzas del estado antes de llegar a ser edil (encargado del aprovisionamiento de Roma, los servicios públicos, la organización de juegos y espectáculos), magistratura apta para hacerse conocer y volverse muy popular. Cuando se era elegido pretor (juez) se accedía a las magistraturas superiores. Las carreras administrativas terminaban con el consulado.
Una última magistratura coronaba definitivamente la “carrera de los honores”; cada cinco años eran elegidos dos censores encargados d vigilar la moral pública, de censar el número de bienes de los ciudadanos y de completar la lista de los senadores.
El Senado (nombre que deriva a una antigua palabra latina que significa anciano) estaba compuesto por unos 300 antiguos magistrados, cuya lista era establecida y periódicamente completada por los censores.
En este orden de cosas, para que la administración del estado, funcionara bien se requería un equilibrio entre los tres poderes mencionados: los comicios, los magistrados y el senado.
Grecia y Roma tuvieron que sufrir transformaciones en su regimenes de gobierno, para España, dicen que el pueblo unido jamás será vencido, pero para ello se tiene que tener muy claro ese paso a la democracia que quieren dar.
Por otra parte, es difícil hablar de democracia en los tiempos que corren sin considerar a los partidos políticos, pues ellos son los principales articuladores y aglutinadores de los intereses sociales. Para precisar su origen podemos distinguir dos acepciones: Una concepción amplia de partido nos dice que éste es cualquier grupo de personas unidas por un mismo interés, y en tal sentido, el origen de los partidos se remonta a los comienzos de la sociedad políticamente organizada.
“En Grecia encontramos grupos integrados para obtener fines políticos, mientras en Roma la historia de los hermanos Graco y la guerra civil entre Mario y Sila son ejemplos de este tipo de ''partidos''.
La expresión partido político en su concepción restringida, que lo define como una agrupación con ánimo de permanencia temporal, que media entre los grupos de la sociedad y el Estado y participa en la lucha por el poder político y en la formación de la voluntad política del pueblo, principalmente a través de los procesos electorales, entonces encontraremos su origen en un pasado más reciente.
Se discute, así, si los partidos surgieron en el último tercio del siglo XVIII o en la primera mitad del XIX en Inglaterra y los Estados Unidos de Norteamérica. En esta acepción, por tanto, el origen de los partidos políticos tiene que ver con el perfeccionamiento de los mecanismos de la democracia representativa, principalmente con la legislación parlamentaria o electoral.
Una de las opiniones con mayor aceptación en la teoría afirma que los partidos modernos tuvieron su origen remoto en el siglo XVII, evolucionaron durante el XVIII y se organizan, en el pleno sentido del término, a partir del XIX y, concretamente, después de las sucesivas reformas electorales y parlamentarias iniciadas en Gran Bretaña en 1832. Los partidos modernos, aunque son producto de la peculiar relación de los grupos políticos con el parlamento, fueron condicionados por los procesos de formación de los Estados nacionales y por los de modernización, que ocurrieron en el mundo occidental durante los siglos XVIII y XIX” (Gracia, 1996).
Los partidos políticos son el resultado de la quiebra de la sociedad tradicional o feudal y su paso a la sociedad industrial. El mundo burgués, posterior a las revoluciones en Inglaterra y Francia, requería de formas de organización política que sustituyeran a las testamentarias o corporativas por nuevos modos de organización, dependientes de grupos políticos organizados en el parlamento, con reglas claras para la circulación de la clase política. Estas reglas serían de carácter electoral y tendrían un sentido distinto al llamado mandato directo (y en ocasiones vitalicio) de los representantes respecto de sus representados; tal mandato quedó sustituido por el representativo, con el cual el diputado ya no es considerado representante exclusivo de su distrito, sino de toda la nación, y deja de estar obligado a seguir ciegamente el mandato imperativo de sus electores.
La sociedad libre que surgió después de la quiebra de los estamentos y las corporaciones precisaba de organizaciones que fueran funcionales en el nuevo estado de cosas. La división entre la sociedad civil como ámbito de la libertad de la persona – dotada de derechos inherentes - y la sociedad política o Estado exigía canales de comunicación que articularan intereses entre una y otra. Los cauces de intercambio fueron el parlamento, los partidos políticos y la opinión pública.
Los partidos fueron y son los articuladores de la relación entre la sociedad civil y el Estado, aunque su estatus siempre ha estado en discusión por las críticas que desde la antigüedad lanzan contra ellos sus detractores. Los partidos permiten que se expresen tanto intereses nacionales como particulares pero, al existir en pluralidad, impiden que los intereses particulares dominen por entero los nacionales. Su función es por tanto ambigua, pero indispensable en una sociedad plural en la que los distintos grupos e intereses requieren de participación y representación. Lo condenable siempre es el partido único, que generaliza artificialmente intereses particulares. Por el contrario, los partidos políticos en plural y en condiciones de una lucha política en igualdad de oportunidades son los mejores catalizadores, propiciadores y garantes de la democracia.
Los partidos se diferencian de las facciones y los grupos de interés o de presión, pero también de los movimientos sociales. Estos últimos son corrientes fundadas en un conjunto de valores compartidos para redefinir las formas de la acción social e influir en sus consecuencias. Los movimientos sociales permanecen en la esfera de la sociedad civil reivindicando u oponiéndose a decisiones políticas; son organizaciones informales reivindicativas, en ocasiones radicales.
Los partidos, en cambio, aun originándose en la sociedad civil, actúan fundamentalmente en la esfera política a través de una organización formal y con la intención de llegar al poder a través de la competencia política y las elecciones. Los movimientos sociales, al institucionalizarse, pueden llegar a ser partidos políticos si se organizan formalmente, adoptan una estructura y participan en las contiendas electorales.
Entre los contenidos de los nuevos movimientos sociales destacan: el interés por un territorio, un espacio de actividades o "mundo de vida", como el cuerpo, la salud y la identidad sexual; la vecindad, la ciudad y el entorno físico; la herencia y la identidad cultural, étnica, nacional y lingüística; las condiciones físicas de vida y la supervivencia de la humanidad en general. Los valores predominantes de los movimientos sociales son la autonomía y la identidad, y sus correlatos organizativos, tales como la descentralización, el autogobierno y la independencia, en oposición a lo que algunos consideran que existe en los partidos: manipulación, control, dependencia, burocratización, regulación.
El modo de actuar de los movimientos sociales puede clasificarse en interno y externo. El interno se caracteriza por su informalidad, su discontinuidad y su propensión a los contextos igualitarios. Por lo que se refiere al modo de actuar externo, la táctica de los movimientos son las manifestaciones y otras formas de presencia física. Recurren a estrategias de protesta para movilizar a la opinión pública y atraer su atención con métodos no convencionales aunque legales. Las tácticas y las reivindicaciones de la protesta indican que el grupo de actores movilizado se concibe a sí mismo como una alianza de veto, ad hoc, a menudo monotemática, que deja un amplio espacio para una gran diversidad de creencias entre los que protestan. El modo de actuar de los movimientos hace hincapié en plantear sus exigencias como de principio y no renunciables, lo que puede considerarse como una necesidad, dada la debilidad de las primitivas estructuras de organización involucradas.
Los movimientos sociales, por tanto, carecen de las propiedades de las entidades formales, sobre todo de la vigencia interna de las decisiones de sus representantes, gracias a la cual dichas entidades pueden asegurar en cierta medida el cumplimiento de los acuerdos de una negociación política. Además, los movimientos sociales rechazan en general su identificación con un código político establecido (izquierda, derecha, liberalismo, conservadurismo), así como los códigos socioeconómicos (clase obrera, clase media, pobres, ricos, etc.), y prefieren utilizar códigos políticos provenientes de los planteamientos del movimiento, con categorías tales como sexo, edad, lugar y género, aunque ello no significa, ni por asomo, que los movimientos sociales sean entidades amorfas y heterogéneas en términos de clase e ideología. (Mendez, 1992)
“Si se habla un poco de Izquierda y derecha se encuentra que son términos convencionales, sin sentido muy preciso. Una misma idea- la democracia, o el respeto de las libertades- ha sido reclamada por unos y otros: la derecha las defendió contra las dictaduras comunistas; la izquierda contra los regímenes militares o fascistas. A pesar de todo, derecha e izquierda aluden a diferencias reales de opinión o talante y no desaparecerán fácilmente del idioma.
Simplificando, la derecha ha defendido una sociedad jerárquica, cuyas desigualdades se consideran razonables, mientras que a la izquierda se ha solidarizado con los pobres y los débiles. La búsqueda de oportunidades iguales para todos motivó su acción y le dio su fuerza.
Si en España la descubridora y conquistadora de América, la izquierda ha cometido errores de gran magnitud, en Colombia, la izquierda puede identificarse, a partir de 1960, con la simpatía por la revolución cubana, el rechazo a los partidos tradicionales, la crítica a la desigualdad social y a las limitaciones de la democracia y el apoyo a grandes reformas sociales. Si uno admite que Colombia es muy desigual, y que los viejos partidos defendieron sobre todo a grupos minoritarios, lo sorprendente es que tan pocos hayan apoyado los grupos de izquierda y tantos sigan votando por los partidos tradicionales.
El escaso apoyo que ha recibido la izquierda se ha explicado por los males que debía combatir: por la falta de democracia, por las restricciones electorales, por la violencia de que ha sido víctima.
Aunque esto es cierto, son excusas débiles: donde hay menos democracia más puede la izquierda convertirse en su portavoz; frente a la violencia podía convertirse, sin ambigüedad alguna, en la defensora de la paz.
Es que la izquierda falló porque buscó a veces el poder sin el apoyo de la opinión o porque buscó este apoyo mediante estrategias de corto plazo, sin un proyecto atractivo para los colombianos.
Muchas de sus propuestas han resultado, paradójicamente, contrarias a los intereses de los grupos populares y a los propios objetivos de la izquierda. Se pueden palpar en el análisis, cuatro ejemplos que explican por qué solo ahora, cuando ha corregido algunos, el 20 o 30% de la población esté lista a respaldarla.
1. En la década de 1960 los grupos de izquierda rechazaron el control de natalidad, promovido por el gobierno de Alberto Lleras, como una política imperialista. Se pusieron así contra las mujeres y al lado de la Iglesia. 2. La izquierda defendió la violencia como medio de justicia social. Algunos apoyaron las guerrillas o las justificaron a nombre de la "violencia institucional" o de las fallas de la democracia. Otros le tenían simpatía: era un error estratégico, pero se trataba de héroes perseguidos por el sistema. Así desvalorizó la democracia y las libertades que reclamaba para sus amigos armados; e hizo más fácil que la extrema derecha creara organismos de retaliación, más fuertes y despiadados que la guerrilla; identificó a la izquierda con la violencia y la inseguridad y logró que el anhelo de ciudades y campos seguros, sin violencia, se identificara con la derecha. Y la existencia de la guerrilla impidió la formación de un partido fuerte que representara los sectores populares.
3. También desde entonces se rechazó la democracia. Algunos aceptaban participar en sus rituales electorales, pero advirtiendo que no creían en ellos: se trataba de mostrar las deficiencias de la democracia burguesa. Otros promovieron la abstención, con éxito duradero. Así, la izquierda alejó del voto a los ciudadanos a los que hoy pide apoyo, y desvalorizó la democracia que defiende.
4. También es equivocado el apoyo a algunos intereses gremiales. En el siglo XIX Marx atacó a los terratenientes que querían ser protegidos, a nombre de los empleos campesinos. Hoy, la mayoría de los izquierdistas rechazan el libre cambio y defienden un sistema en el que los ciudadanos pagan, incluidos en los precios de los productos, impuestos para subsidiar a los empresarios rurales. El rechazo al libre comercio (y al TLC) es un nuevo error. Los otros tres ya se abandonaron, pero el apoyo a los terratenientes, a costa del salario de los trabajadores, va a salirle caro, pues va contra la igualdad y el bienestar de las mayorías.
La creencia –derechista- en que el puro desarrollo económico crea igualdad no tiene muchas bases. Sin políticas de igualdad los beneficios del desarrollo se seguirán repartiendo mal. A Colombia le han hecho mucha falta, y hoy más que nunca, partidos de izquierda, que ayuden a formar una sociedad más democrática, equitativa e igualitaria. Pero para que la izquierda logre un respaldo mayor de los ciudadanos tiene que ser más coherente, borrar los restos de tolerancia a la violencia y asumir la democracia como su único horizonte.
Se desea una democracia, limpia y transparente, pero nace un pero, la abstención, tema que perjudica a los miembros de los partidos políticos, aún cuando en los regímenes democráticos se asocia a la ciudadanía un deber cívico o moral de votar, que en algunos ordenamientos se convierte en deber jurídico, el abstencionismo electoral aparece con el sufragio mismo. Consiste simplemente en la no participación en el acto de votar de quienes tienen derecho a ello. El abstencionismo electoral, que se enmarca en el fenómeno más amplio de la apatía participativa, es un indicador de la participación: muestra el porcentaje de los no votantes sobre el total de los que tienen derecho de voto.
No hay una única clase de abstención electoral, ni una explicación única. El examen de las distintas clases de abstención nos permitirá abordar detenidamente sus causas.
En primer término cabe señalar la existencia de una abstención técnica o estructural motivada por razones no imputables al ciudadano con derecho a voto: enfermedad, ausencia, defectos de la inscripción censal, clima, alejamiento del colegio electoral, etc.
Junto a ella cabe mencionar la abstención política o racional, actitud consciente de silencio o pasividad individual en el acto electoral que es la expresión de una determinada voluntad política de rechazo del sistema político o de la convocatoria electoral en concreto (abstencionismo de rechazo) o bien de no identificación con ninguno de los líderes o los programas políticos en competencia electoral, convirtiéndose la abstención que podríamos denominar activa en un acto de desobediencia cívica o en la concreción de su insatisfacción política.
Cuando trasvasa los límites de la decisión individual para convertirse en un movimiento que promueve la inhibición participativa o abstención activa, con el objeto de hacer pública la oposición al régimen político o al sistema de partidos, toma la forma de abstencionismo de lucha o beligerante”. (Ruiz, 2011)
“Causas de abstencionismo:
- Factores sociodemográficos: la participación electoral se relaciona con factores sociológicos y demográficos tales como el sexo, la edad, el nivel de educación, el nivel de ingresos, la religión, el sistema de comunicaciones o el ámbito de población en que se reside, etc.
- Factores psicológicos: la apatía o indiferencia, el desinterés por los asuntos políticos, e inutilidad del acto participativo (escepticismo), la relativización de la importancia de las elecciones dada su escasa influencia en las decisiones políticas.
- Factores políticos: el dominio de los partidos políticos, la desvinculación de éstos de los asuntos concretos y de la vida comunitaria, la tecnificación del debate político cuando éste existe en condiciones de publicidad y transparencia, la ausencia de renovación de la clase política, la falta de credibilidad de las fuerzas políticas ante el incumplimiento de las promesas electorales, el carácter cerrado de las listas electorales, o el descontento con el método tradicional de participación son factores que pueden influir en la abstención como forma de castigo. En definitiva el alejamiento, la progresiva hendidura abierta entre gobernantes y gobernados en lo que constituye una grave contradicción del Estado social y democrático de Derecho y que es a nuestro juicio el gran tema que la Teoría Política debe plantearse en los días venideros” (Dominguez, 2010)
La abstención electoral no se combate con procedimientos tan rigurosos como la obligatoriedad del voto sino fomentando desde los propios poderes públicos la participación generalizada en los asuntos de interés público, siendo la participación electoral una modalidad participativa más, aunque la más importante. Se hace frente a la misma a través de la democratización efectiva de los partidos políticos, de otorgar sentido efectivo y no meramente ritual al acto electoral, de establecer un sistema de apertura o entre apertura de listas o al menos la eliminación de las cerradas y bloqueadas y, en definitiva, mediante una profundización efectiva en la democracia y sobre todo recuperando el prestigio de la institución representativa por excelencia, el Parlamento, privado progresivamente de poderes efectivos. El régimen democrático admite y tolera la abstención como forma, aunque no técnicamente, de expresar el sufragio, y debe luchar por todos los medios por reducir el abstencionismo estructural o no voluntario a través de mecanismos que faciliten el acceso de todos a las urnas, así como fomentar la participación activa en la vida pública”. (Alcubilla, 2010)
En conclusión, Colombia anhela una democracia, que permita oxigenar el gobierno con nuevas ideas, nuevos dirigentes, que aporten su granito de arena en pro del beneficio del pueblo y de su nación, no solo se involucren intereses creados, como es la costumbre hoy en día, la profesión en la que se adquiere poder, dinero, prestigio, sin que cueste mucho, solo preparar unos discursos que convenzan a una ciudadanía con un poco de campaña política. Pero para que exista una democracia legítima, se debe salir de la ignorancia, conocer, investigar la hoja de vida de quienes se postulan a gobernantes, tener clara sus ideas, sus proyectos, para de esta manera saber a quién dar nuestro voto, no nos dejemos convencer por las conveniencias de otros, sino por nuestras propias convicciones y por lo mejor que le convenga al pueblo, ya que los hagamos en el presente será en pro o en contra de las nuevas generaciones, que día a día venimos pagando las consecuencias de quienes nos han gobernado abusando de su poder.
Que ojala la democracia, que quiere España, no se convierta en el negocio que le ha solucionado la vida a unos pocos, y destruyendo la vida a muchos. (Canepa, 2010)
Bibliografía
(s.f.).
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